Voy a cambiar

Encendimos el motor

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Todo empezó en el 2008, aquella necesidad puberta de sacar la parvada de ideas que volaban en mi cabeza me obligaron a crear un espacio para escupir cada palabra que incomodaba mi mente. Ya saben, esas palabras que no se pueden decir, pero que si no se avientan se pudren dentro. Además, en ese entonces yo me sentía todo un García Márquez en potencia y, después de leerme las historias del Coronel Aureliano Buendía, encontré el ego la valentía necesaria para escribir mis propias historias y compartírselas al mundo. 

Después de varios intentos fallidos, por fin me topé con El Microbús, ese espacio tan personal y público que yo estaba buscando desde los 14 años, en el cual podía dejar rastro de cada pensamiento con la dosis necesaria de ingenio o huevos para ser publicado y así encuerar mis ideas frente a una “audiencia”. Aunque en aquel entonces yo me sentía un blogstar más influencer que Yuya, la verdad dudo que pasará de los 30 lectores al mes. Aún así yo seguía escribiendo, al menos para mí mismo, pues era la mejor terapia para mis traumas y a mi mamá le salía más barato que un psicólogo.

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